• Fernando Martín Velazco

Stultifera Navis & Mare Nostra


Venimos hoy ante ti,

Mar,

como hace mil años vinieron otros hombres a pedir tu mano e invocar tu fuerza.

Venimos, no a invocar tu dominio, no a solicitar tu sumisión, no a abrir surcos sobre tu superficie que te enlacen con dirección a todas las tierras y te mantengan atada.

Mar:

Te queremos, mar libre y rijosa,

te queremos mar caprichosa e impredecible,

camaleónica y pudorosa,

mar nocturna,

despertar nublado de arena y gaviotas,

un estruendo en el horizonte

hecho olas,

mar nuestra, no sumisa

sino mar enamorada.

Mil años hace, vinieron otros hombres a pedir tu mano.

Y el pacto: la paz.

Pero has sido usada, Mar, para propósitos desleales.

¿Qué no corre en tu piel el signo de la amenaza continua,

qué no fuiste manchada innumerables veces de un rojo oculto del sol,

de un escarlata pútrido y vacilante,

no has sido, Mar, perdida en la promesa de esperanza,

sobre barcas pequeñas

donde los nuevos argonautas sueñan con una nueva vida

y son escupidos en tu lecho con amargura?

¿Cómo te sientes, mar, herida de muerte,

con ese cáncer que persiste en tus corrientes,

la pus negra, el transpirar de una plástica tristeza,

qué sientes cada vez que una máquina rasga tu tierra,

tu vientre de criaturas, ya no tomadas por el oficio

sino arrancadas por la técnica?

Mar,

¿quién ha osado acorralar, tu hijo magno, Leviatán,

por todos los rincones de tu cuerpo

y sin una digna piedad,

Mar,

quién te ha pedido consuelo mientras huele tu sangre hecha polvo,

señal del agua, atisbos de atardecer?

Una mañana,

hace unos años,

me llamaste con rudeza a tu fondo submarino.

Ahogado de ti, cuerpo tuyo,

abrí mi camino a la superficie con un atisbo de Luz que entraba desde tus mejillas de oleaje novembrino.

Soñé en un a muerte de mar, de la que me he despertado,

ahora ya, en múltiples ocasiones.

Siempre salgo a la vida,

por abrazar la luz:

pero enseguida salgo a la superficie me percato cada vez

que mi emergencia es inútil:

que apenas despierto a la superficie los días son un haz inabrazable,

que la luz, si es nuestra, es la luz del mar,

que quizá, el amor, es igual.

Vengo a proponerte, Mar, un nuevo matrimonio.

Pero ya no de dominio y gloria,

sino una mariage de tristeza,

un pacto de luna y muerte,

un acompañarnos solos, como dos condenados que somos,

a la ansiedad del fin de los tiempos.

Ha llegado al antiguo corazón de una república la nave de los locos.

Porque creemos en la igualdad de los hombres, porque creemos en nuestra equidad frente al tiempo y a la desnudez de los sueños, en la inquebrantabilidad de una lágrima o un suspiro, de las leyes como un caminar errático.

Llegamos aquí, Mar nuestro, los locos, que hace quinientos años no te invocamos antes de hacernos a ti, pero fuimos arrojados a tu silenciosa noche.

Nuestra mar, mar mía,

bella creativa

temblorosa.

Te amamos.

Y ahora pedimos tu amor,

pues no hay forma más grande de cariño,

que el que se pide con desesperación y amargura:

“Ámame, mar,

o me mataré en ti”.

Me moriré de ti

pero nunca sin ti;

te exijo.

¿Pues qué es la locura

sino una forma prolongada de amor?

Mar, ha llegado la hora, de que me ames.

No para que prestes tu cuerpo.

No para que te apacigües durante la navegación,

sino para que cuentes secretos al oído,

susurros lentos,

atisbos de marea,

cariños mojados,

amenazas de tormenta.

Llévanos, Mar,

con cariño,

al secreto de tu lecho marino,

para besar el fondo de tus hueso coralinos

y estremecer a tus creaturas.

Para que hierva tu agua salada

y beberte

como lluvia amada,

muslos marinos y tersos,

seas tú mar,

laguna de olvido embriagador,

placer secreto,

gemidos de oleaje sobre rocas irregulares

que la erosión ha esculpido

como huesos de la espalda.

Recibe, Mar,

estos anillos como signo de perpetua curiosidad.

Recibe este anillo grabado,

así como recibes un beso,

la caricia de un plancton,

recibe esta nave,

como promesa de amor perpetua.

Mar amada. A-mar.

Venimos a ti,

para no volver a nosotros mismos.

Venimos a amarte,

para por siempre naufragar.

Recíbenos en la pérdida.

Ámanos en la ausencia.

Siempre estaremos

de ti,

siempre nos erigiremos sobre tus olas.

Para explorar tu cuerpo,

para cosquillear tus misterios.

Acéptame, amada mía.

Mar. Mare. Marea.

Océano de luna llena.

Mare nostra. Nostra Mar.

¿Acaso camino ahora, contigo, a la eternidad?

Desponsamus te, Mare,

in signum veri perpetuique curiositas.

Desponsamus te,

in carité,

in dubium,

propter spem,

quia expectant mortem.

Memento mori, Mare nostra;

Memento amari.

Fernando Martín Velazco

Insanus princeps

Liturgia de la ceremonia matrimonial de Stultifera Navis & Mare Nostra.


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