• Fernando Martín Velazco

Visiones del límite: los jesuitas mexicanos de hoy ante la producción de conocimiento


“Yo espero que vosotros, que sois en ese reino los custodios de las ciencias, trataréis de conservar los restos de las antigüedades de nuestra patria, formando en el magnífico edificio de la Universidad, un museo no menos útil que curioso...”

Francisco Javier Clavijero. Bolonia, 13 de junio de 1780.

A nadie resultará extraña la afirmación de que a lo largo de su historia, los jesuitas han tenido un papel fundamental en el desarrollo y divulgación del conocimiento. Un rápido repaso por los archivos de la Compañía de Jesús nos muestra cómo desde sus inicios, las cartas entre sus comunidades se convirtieron en una de las primeras redes de intercambio de conocimientos a escala global, incluso antes que la Royal Society de Londres [1]. A su vez y más cercanamente, se puede apreciar cómo los misioneros jesuitas asumieron de forma notable el registro y estudio de la realidad a la que se afrontaron desde su llegada a América, hasta donde llegaban provistos de instrumentos científicos [2], y cómo a pesar de encontrarse en contextos remotos no menguaron en su voluntad de compartir sus hallazgos, motivados por una gran curiosidad intelectual y un interés sincero por los descubrimientos científicos y los planteamientos humanísticos de su época [3].

En México tenemos ejemplos deslumbrantes de lo anterior, empezando por los registros históricos y geográficos de Francisco Javier Clavijero (1731-1787), los registros naturalistas de José Rafael Campoy (1723-1777), la divulgación de las matemáticas entre la sociedad novohispana por parte de Cristóbal Clavio (1538-1612) y los registros de la gramática de lenguas indígenas hechos por los misioneros en el centro y noroeste de México, entre muchos otros. En ellos vemos muestra de lo que Luce Giard denomina el “deber de la inteligencia”, signo de identidad de la Compañía de Jesús desde sus primeros años y que consiste en crear y enseñar ciencia [4].

Por ello resulta pertinente valorar críticamente la continuidad de esa tradición intelectual con la Provincia Mexicana de la actualidad. Y con ello no nos referimos únicamente a la Compañía de Jesús como generadora de proyectos educativos o en cumplimiento de su visión pastoral al interior de dichas instituciones formando, según sus objetivos declarados, hombres y mujeres para los demás [5]. Sino a los jesuitas como una corporación que produce, preserva y transmite conocimientos y saberes sobre el entorno, la naturaleza y la condición humana. Empero es necesario hacer un primer análisis sobre las características de sus instituciones educativas, que son las que en primera instancia estarían encargadas de preservar dicha tradición.

Un sistema educativo privado y descentralizado

Para inicios de 2018 la Provincia Mexicana cuenta con 6 institutos incorporados a su Sistema de Colegios (SCJ), lo que suma un total de 12,688 alumnos y 1,040 docentes [6]. A su vez cuenta con 7 universidades, cada una de las cuales es autónoma laboral, financiera, curricular y administrativamente, dedicadas a la formación de 30,597 alumnos y con presencia en 11 estados de la república [7]. Esto representa el 0.87 % del padrón de alumnos de la educación superior en México [8], donde sólo el 17% de las personas entre 25 y 64 años logran tener estudios universitarios [9].

La autonomía de cada universidad tiene sus ventajas y desventajas. Entre las primeras podemos considerar la existencia de plena libertad de cátedra, flexibilidad administrativa, y la articulación específica en sus comunidades de proyectos de servicio social y de investigación a nivel local. Empero entre las desventajas tenemos como resultado la distribución deficiente de disciplinas y centros de investigación, la clasificación de acervos en distintos sistemas no conectados entre sí, la colaboración desigual en proyectos sociales según la institución y un esquema financiero no unificado que provoca que cada universidad procure su propia supervivencia económica, al tiempo que busca aportar a los proyectos de la Provincia Mexicana [10].

De ahí que la política financiera de cada universidad pase por procurar “un crecimiento moderado, pero sostenido, de sus ingresos” [11] basado en el “incremento consistente de la población de estudiantes” [12], más allá de la creación de una infraestructura de investigación o una representación plural de las disciplinas científicas y humanísticas.

El Sistema Universitario Jesuita (SUJ) en ese sentido se enmarca dentro del esquema educativo de las universidades privadas en México y no como una excepción, al inscribirse en las tendencias de crecimiento y diversificación de su matrícula [13]. Ello implica que la exigencia constante para su supervivencia sea la de establecer criterios de rentabilidad comercial a sus programas de estudio, lo que da como resultado la generación de fuerzas que la alejan de la investigación [14]. Sumado a lo anterior, tenemos la consecuencia de que sus universidades se posicionan como algunas de las más caras del país [15].

Licenciaturas como Derecho, Comunicación, Diseño y Psicología están presentes en la totalidad de las Universidades del Sistema Universitario Jesuita. Apreciamos a su vez, un total de 46 programas de Ingeniería y 32 relacionados a la Administración y las Finanzas. En contraste observamos la inexistencia de programas de Biología, Física, Matemáticas, por poner algunos ejemplos de ciencias básicas [16]. Si bien estas disciplinas se encuentran representadas en programas de ingeniería, es de llamar la atención la inexistencia en toda la red de la enseñanza de las ciencias encaminadas a la investigación. Y si bien es común pensar que sus universidades estén enfocadas a temas humanísticos y sociales, encontramos a su vez la inexistencia en el sistema de licenciaturas como Sociología, y la subrepresentación de programas de Economía o investigación en Artes.

Esta distribución de los programas de Licenciatura afecta directamente a la capacidad financiera del SUJ. El hecho de que existan 26 programas de comunicación, publicidad y diseño distribuidos por toda la red, representa un costo de cobertura que podría ahorrarse con programas de movilidad y educación a distancia, modelo que usan otras universidades privadas que les permite reinvertirlo en diversificar sus programas e inversión de infraestructura [17]. Los sobrecostos de las reiteraciones ocasionados por la autonomía curricular inhiben la apertura de disciplinas no cubiertas por el sistema.

A su vez se observa la influencia de esto en la desunión de sus esquemas de clasificación bibliotecaria. El SUJ cuenta con dos de las mejores bibliotecas del América Latina, que suman juntas más de un millón de ejemplares [18] con condiciones de preservación de acervos de primer nivel [19]. Sin embargo cuentan con sistemas distintos de ordenación, y que resultan de difícil acceso a alumnos del resto del SUJ tanto por su consulta remota como por la necesidad de trámites interbibliotecarios. Paradójicamente, la Biblioteca Eusebio F. Kino que se encuentra en la sede de la Provincia Mexicana (una de las joyas bibliográficas del continente), aún no cuenta con un sistema de clasificación electrónico y sus consultas se hacen bajo cita, lo que la mantiene aislada del resto de los centros académicos.

Acción o investigación: una falsa dicotomía

El SUJ cuenta con 13 departamentos de investigación, de los cuales 4 son de ciencias sociales y humanidades, 4 de procesos industriales y financieros, 4 de psicología, educación y salud, y apenas 1 de ciencias básicas. De los 35 programas de posgrado de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, apenas 8 están inscritos en el Programa Nacional de Posgrados de Calidad CONACYT. El caso del ITESO no es distinto: de sus 25 programas de posgrado, 8 están inscritos en dicho programa [20]. El resto del SUJ no cuenta con programas inscritos.

Si bien esto no necesariamente muestra una baja calidad formativa de los programas de posgrado, sí es evidencia de que el SUJ no tiene como sus prioridades inscribirse en los sistemas de desarrollo científico y tecnológico a nivel nacional. Esto a pesar de que en su Ideario establece mantener un esfuerzo para estar a la vanguardia en el ámbito de las ciencias [21].

Esta condición resulta en relaciones paradójicas. Mientras el SUJ ha definido como campos estratégicos de acción para sus universidades los modelos y políticas educativas, la pobreza y la exclusión, y el diálogo fe-cultura, apenas 7 de los 39 investigadores del ITESO inscritos en el Sistema Nacional de Investigadores trabajan en estos temas [22]. En tanto, en algunas licenciaturas del mismo instituto no está como una de las opciones de titulación hacerlo a través de tesis. Por supuesto, ello significaría un aumento en los costos de operación y se adivina en la política un ahorro, ejemplo claro de que la producción académica en muchos casos se desincentiva por motivos financieros.

Sería injusto hacer una evaluación del SUJ a partir de prioridades que no se ha establecido, y en dicho sentido podemos afirmar que cumple a cabalidad con diversos objetivos que se ha planteado: generación de pensamiento social, propuestas de desarrollo social, económico y cultural, programas de desarrollo comunitario y formación de agentes de cambio. Empero, también encontramos la “investigación en los problemas más apremiantes” [23]. Esta directriz ambigua, entendida en ciertos contextos, puede ser en parte la causa de la desarticulación de la investigación en el SUJ: ¿Qué es hoy en día lo más apremiante, quién debe definirlo? Dicha premisa sirve para acotar el campo de las prioridades, y se contrapone con el deber de la inteligencia, que es el de la curiosidad libre. Se aprecia por otra parte un prejuicio respecto a la investigación menos apremiante, que es en el fondo una visión utilitaria de la actividad científica. A su vez intuimos una visión reduccionista de la universidad cuya aspiración original lleva en el nombre: la construcción de una universalidad intelectual.

Esta debilidad en el campo de la investigación no es exclusiva de la Provincia Mexicana. Ya el último Editorial de la Carta de Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL) reconoce: “es necesario realizar un avance igualmente trascendente en las capacidades de investigación de los equipos de las universidades” [24].

En 2005 la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina en Río de Janeiro se propuso para su Proyecto Educativo en Común (PEC) la “formación integral de profesionistas, investigadores y docentes que asumen como un mismo proceso ser ‘hombres y mujeres para los demás’” [25]. Y es así que apreciamos la relación problemática de los jesuitas latinoamericanos respecto a los paradigmas de investigación contemporáneos, pensando los centros educativos fundamentalmente como espacios formativos en valores y no como generadores de conocimientos. En consecuencia tenemos que la prioridad esté en inculcar valores al cuerpo académico, más allá del contenido, vigencia y universalidad de la producción académica en sí.

Esta desvinculación de la misión pastoral y la generación de conocimiento es evidente en el abandono, cada vez más marcado, de los integrantes de la Compañía de Jesús de las aulas de sus propias instituciones educativas, para limitarse a procesos de acompañamiento y vinculación con proyectos de pastoral social. Difícil es también, ver a jesuitas siendo parte del cuerpo de académicos de sus propias instituciones educativas o dirigiendo un centro de investigación.

Oportunidades perdidas

Volteando a otros contextos fuera del Latinoamericano, notamos que la Compañía de Jesús sigue contando con un robusto sistema de intercambio científico. Recordemos sólo para iniciar que el Observatorio Vaticano, institución de gran prestigio en el ámbito de la astronomía, es dirigido por jesuitas. Redes como Academics at Jesuit Universities and Schools nos muestran la presencia de jesuitas interesados en temáticas de frontera desde el ámbito académico en África, Asia, Europa y América. Sin embargo, de sus diversos Comités de trabajo, México apenas tiene representación en uno [26].

Esta debilidad regional en el ámbito de la investigación científica debería llamar nuestra atención, ya no por el hecho de valorarla como un rasgo a evaluar de los centros educativos en general, sino por las oportunidades perdidas que la propia Compañía de Jesús tiene sobre sus propios objetivos en la región.

Dentro de los valores de la tradición ignaciana se encuentra el de ser contemplativos en la acción [27], así como oponerse al pragmatismo y al utilitarismo [28], por lo cual no se justifica el fomento de la investigación de ciertas disciplinas “prácticas”, por sobre otras. A su vez dentro del mismo objetivo de incidencia social, vemos que la subrepresentación de disciplinas se vuelve una debilidad para la Provincia Mexicana al momento de articular redes de colaboración.

Como ejemplo podemos citar que pese al SUJ contar con estudios de enfermería, administración hospitalaria, nutrición y psicología en diversas universidades, no existe centro alguno de estudios médicos. El contraste con otras provincias nos hace ver que algunas de las universidades más prestigiosas en el mundo en dicho campo son jesuitas. Peor aún, si pensamos que uno de los campos fundamentales donde se expresa la desigualdad en México es en el de la precarización de los servicios de salud y su relación directa con la pobreza [29].

Este déficit se refleja en diversos campos de la actividad de la Provincia Mexicana. La ausencia de estudios de neurociencia, área en la que México se ha consolidado como una referencia internacional sobre todo en el campo de los procesos de aprendizaje y toma de decisiones [30], se revela como un área desperdiciada para el estudio científico de los procesos de discernimiento, de interés incuestionable para la Compañía de Jesús. En contraste, metodologías de autoanálisis sin fundamento científico como el Eneagrama [31] han sido adoptados dentro de los programas oficiales de la Provincia Mexicana [32].

Ante lo anterior convendría analizar hasta qué punto existe una articulación entre los centros educativos y el resto de los proyectos jesuitas mexicanos con otras iniciativas que le serían afines.

Cuando fui voluntario en la Ciudad de los Niños del Padre Cuellar, en Zapopan, Jalisco, hace una década, me sorprendió la inexistencia de un proceso de formación para los trabajadores vinculado al SUJ, acerca de la infancia en situación de calle y violencia, lo cual derivó comúnmente en la expulsión de jóvenes indisciplinados y su regreso a un entorno vulnerable. Tampoco existía un registro de procesos y experiencias exitosas, por lo que mucho se dejaba a la improvisación y el criterio personal. Del mismo modo resultaba inexplicable el desinterés de las universidades jesuitas por estudiar los fenómenos de exclusión, marginación y violencia que sufrían los jóvenes atendidos por dicho proyecto.

En los últimos años, con la reforma al Voluntariado Jesuita se eliminó el Diplomado en Educación para el Desarrollo Humano que servía como una herramienta de sistematización de procesos sociales en los que estaban insertos los voluntarios. Con ello se perdió la experiencia sistemática de generaciones de voluntarios que se enfrentaron a problemáticas comunes y que mediante metodologías avaladas por la UNESCO construían saberes de utilidad para las siguientes generaciones.

Eso me hace plantear la siguiente pregunta: ¿Crea la Provincia Mexicana en sus proyectos, instrumentos de conocimiento sistemático que sirvan a otras experiencias? Y me temo que si hiciéramos un análisis detallado del catálogo de proyectos el resultado sería bastante desalentador. Peor aún: pareciera haber un menosprecio por el conocimiento generado por sus propios proyectos. La escisión programática entre universidades y proyectos de pastoral social resulta en muchas ocasiones, con que el único provecho que las primeras brindan a los segundos sea realizando campañas de recaudación.

Tradición en riesgo, futuro sin perspectiva

Pensando en los misioneros jesuitas de los siglos XVII y XVIII que recorrían el desconocido norte de México, no era complicado pensarlos caminando por territorios inexplorados, desarrollando sus propias herramientas conceptuales para aprender nuevas lenguas, domesticar el entorno natural y compartir lo conocido al mundo intelectual de su época. Ejemplos como los citados al inicio de este artículo nos muestran hasta qué punto forma parte de la tradición jesuítica la curiosidad inexpugnable y la voluntad de describir los fenómenos del mundo, así como aportar soluciones ingeniosas a problemas de cualquier índole. Desconozco hasta qué punto eso estaba vinculado con su labor apostólica, pero nos da muestra de una tradición intelectual que sería provechoso rescatar tanto en sus acervos como en su voluntad de descubrimiento.

Ilustra la situación actual de manera perturbadora el contraste entre dos condiciones: la asombrosa colección de la citada Biblioteca Eusebio F. Kino, preservada como una colección formidable de nuestra historia nacional pero por su número de consultas considerada archivo muerto, junto a las restauradas misiones jesuitas de Baja California y Baja California Sur sin vínculo alguno con la Provincia Mexicana de actualidad, por un lado; y por otro la decisión de la AUSJAL de aplazar la redacción de su plan de acción para el siguiente ciclo, así como el que los rectores de las dos universidades más importantes del SUJ consideren un éxito mantener su estabilidad financiera. Por un lado una historia poco visitada convertida en mito, por otro la incapacidad de gestionar una enorme infraestructura educativa con lineamientos generales y una visión intelectual ambiciosa, más allá de la mera supervivencia.

Ernesto Cavassa S.J., presidente de la AUSJAL, cita en relación a su XX Asamblea General llevada a cabo en mayo de 2017 las palabras de Pedro Arrupe en relación a su encuentro con el astronauta James Arthur Lovell, uno de los pocos hombres que visitó la luna: “En mi habitación tengo una fotografía de la tierra tomada durante un vuelo espacial. Me la ha regalado el astronauta Lowell. Tiene una increíble nitidez de contornos y me recuerda a menudo que necesitamos ambas cosas. Necesitamos una visión clara de los problemas locales y necesitamos así mismo encuadrar estos problemas en una visión universal. Estoy convencido de que sólo esta visión tiene realmente futuro” [33].

Me es difícil imaginar a un jesuita mexicano tomando hoy en día dicha fotografía, explorando los misterios del espacio (física o conceptualmente), los orígenes de la vida, los enigmas de la conciencia y la materia, o proponiendo sus propias metodologías de curación ante nuevas enfermedades. Territorios de frontera si los hay, es un imperativo obligado pensar en los retos de la época contemporánea con dichos enigmas en el horizonte.

La pertinencia de estos planteamientos para la Compañía de Jesús de hoy en día corresponde analizarlos a los propios jesuitas mexicanos en sus ámbitos de acción y reflexión. Quizá una conclusión válida será que, ya no como en pasados siglos sea una invectiva conformar una vanguardia en la investigación y el descubrimiento, siendo mejor concentrarse en la transformación de lo conocido y apremiante. Pero me temo que si esa fuera su conclusión, lo que entendemos como universalidad hoy en día terminará relegándoles. Si en siglos pasados la construcción de una visión global surgió como una propiedad emergente de un proyecto de misión, hoy la universalidad se revela el único territorio de acción posible. La extrema novedad del mundo no ha cesado de surgir desde entonces; demanda hoy aún más audacia para, de la inteligencia borrar los límites.

[1] Del Rey Fajardo, José (2013). “Prospectiva regional de la investigación en la Javeriana colonial”. Ponencia del XII Congreso “La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana”, 29 de septiembre.

Consultada en: https://repository.javeriana.edu.co/bitstream/handle/10554/15137/Del%20Rey%20Fajardo.pdf?sequence=2

[2] Rabin, Sheila J. (2017). “Jesuit Science before 1773: A Historiographical Essay”

Consultado en: http://referenceworks.brillonline.com/entries/jesuit-historiography-online/*-COM_196375#note1

[3] A propósito basta revisar los números que Artes de México ha dedicado a la Compañía de Jesús: “Los jesuitas y la ciencia” (Número 82, Año 2005) y “Los jesuitas en la construcción de la nación mexicana” (Número 104, Año 2011).

[4] Giard, Luce. (1995). “Le devoir d’intelligence ou l’insertion des jésuites dans le monde du savoir”. En: Giard, L. (Dir.). Les jésuites à la Renaissance. Système éducatif et production du savoir. Paris : Presses Universitaires de France: XI-LXXIX.

[5] Arrupe, Pedro (1973). Hombres para los demás. La promoción de la justicia y la formación en las asociaciones. Consultado en: http://www.sjweb.info/documents/education/arr_men_sp.pdf

[6] Datos tomados de la página del Sistema de Colegios Jesuitas de la Provincia Mexicana (SCJ): http://www.flacsi.net/tag/sistema-de-colegios-jesuitas-de-la-provincia-mexicana-scj/ a 31 de marzo de 2018.

[7] Datos tomados de la página del Sistema Universitario Jesuita (SUJ): http://www.suj.org.mx a 31 de marzo de 2018. No aparece el dato de docentes.

[8] Estadística básica de la educación superior, Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior, A.C.: https://www.ciees.edu.mx/index.php/publicaciones/estadistica

Consultado el 31 de marzo de 2018.

[9] Animal Político: 12 de septiembre de 2017.

https://www.animalpolitico.com/2017/09/educacion-superior-mexico-estudiantes-universidad-ocde/

[10] En 2016 las Universidades Jesuitas aportaron apenas $ 1,780,000 MXN a Fundación Loyola. Ver “Reporte Anual 2016” en: https://www.fundacionloyola.mx/reporte-anual-2016 .

[11] Morales-Orozco, J. (2017). Informe del Rector. Julio 2016 - junio 2017. Tlaquepaque, Jalisco: ITESO. Pág. 76. Enlace directo: http://hdl.handle.net/11117/4979

[12] Fernández Dávalos, David. (2017). Tercer Informe del Rector. Universidad Iberoamericana Ciudad de México. p. 167. Enlace directo: http://www.ibero.mx/sites/default/files/inforector/informe-rector-digital-2017.pdf

[13] Silas Casillas, Juan Carlos (2005). “Realidades y tendencias en la educación superior privada mexicana”. Perfiles educativos. Vol. 27 No. 109-110. México, Enero 2005.

[14] Arechavala, Ricardo. “Las universidades de investigación: la gran Ausencia en México.” Revista de la Educación Superior Número 118, en http://publicaciones.anuies.mx/revista/118/6/2/es/las-universidades-de-investigacion-la-gran-ausencia-en-mexico

[15] Milenio, 01/08/2014. “¿Cuánto cuestan las prepas y universidades privadas?” http://www.milenio.com/df/escuelas_paga-SEP-preparatoria-licenciatura-Ibero-UVM-Unitec-La_Salle_0_346165670.html

[16] http://www.suj.org.mx (Ibíd).

[17] Gregorutti, Gustavo (2011). “La producción de investigación en las universidades privadas: estudio de un caso”. Enfoques. XIII. Consultado en: http://www.scielo.org.ar/pdf/enfoques/v23n2/v23n2a02.pdf

[18] Biblioteca “Dr. Jorge Villalobos Padilla, S.J.”: http://biblio.iteso.mx

Biblioteca Francisco Xavier Clavigero: http://www.bib.uia.mx/sitio/

[19] Los archivos Porfirio Díaz y Manuel González de la Universidad Iberoamericana fueron inscritos en los Registros Nacionales de Memoria del Mundo de la UNESCO en 2005.

[20] Padrón del Programa Nacional de Posgrados de Calidad: http://svrtmp.main.conacyt.mx/ConsultasPNPC/PADRON%20PNPC_DESPLEGABLE.php

Consultado el 31 de marzo de 2018.

[21] Ideario del Sistema Universitario Jesuita: http://www.suj.org.mx/ideario.htm

[22] http://investigadores.iteso.mx/idorespub.php

Consultado el 31 de marzo de 2018.

[23] http://www.suj.org.mx/objetivos.htm

[24] Carta de AUSJAL Nº47: La Pastoral en las Universidades de AUSJAL, en: https://issuu.com/ausjal/docs/carta_de_ausjal_47

[25] Proyecto Educativo Común de la Compañía de Jesús en América Latina: http://www.flacsi.net/wp-content/uploads/2011/11/PEC.pdf

[26] En el de Enfermería, por parte de la Universidad Iberoamericana de Tijuana.

AJUS Nursing Interes Group http://ajus.org/groups/Nursing-Interest-Group.php

[27] https://www.sjmex.org/quienes/

[28] Proyecto Educativo Común de la Compañía de Jesús en América Latina: http://www.flacsi.net/wp-content/uploads/2011/11/PEC.pdf

[29] Pérez Tamayo, Ruy (2016). Patología de la pobreza. México: El Colegio Nacional.

[30] Conacyt Agencia Informativa: 24 de agosto de 2016. “Ranulfo Romo Trujillo, el experto en la toma de decisiones”. Enlace: http://conacytprensa.mx/index.php/sociedad/personajes/9627-ranulfo-romo-trujillo-el-experto-en-la-toma-de-decisiones

[31] Edwards, A. (1991). Clipping the wings off the enneagram: A study in people's perceptions of a ninefold personality typology. Social Behavior and Personality: An international journal, 19, 11-20.

DOI: https://doi.org/10.2224/sbp.1991.19.1.11

Publication date: February 1991

[32] http://www.centrosanjavier.org.mx/Pages/Eneagrama.aspx

[33] Carta de AUSJAL Nº47: La Pastoral en las Universidades de AUSJAL, en: https://issuu.com/ausjal/docs/carta_de_ausjal_47

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